3 prácticas de autocuidado que pueden ayudarte ahora mismo

Hola Mum,

Soy Tais Ruiz, fundadora, junto con Yolanda Varela, de Crianza a Fuego Lento (en instagram: @crianzafuegolento). Nuestro proyecto nace con la vocación de ayudar a familias, profesores y educadores… y poner a su disposición nuestra experiencia y conocimiento en Disciplina Positiva, PNL, coaching, desarrollo personal… y siempre enfocado a la crianza y educación a fuego lento. 

Este proyecto empezó a vibrar cuando me convertí en mamá, y poco a poco la idea que tengo de la crianza fue cogiendo forma para convertirse en algo que compartir con el mundo y se acompañó de las ganas e ilusión de Yolanda por transformar la educación, dado que es el motor que puede cambiar el mundo, porque nuestros niños y niñas son el futuro. Y juntando la visión de cada una, nació Crianza a Fuego Lento. 

Queremos aportar nuestro granito de arena a #deunamumaotramum, hablando sobre autocuidado y aportando tres prácticas que a nosotras nos ayudan mucho y recomendamos a todas las personas, y sobre todo a las Mamás.

Para nosotras, el autocuidado es darnos el lugar que merecemos, olvidarnos lo más posible de los «tengo que» y centrarnos en los «me gustaría, necesito, quiero». Autocuidarnos es ponernos dentro de nuestra lista de prioridades. Es crear un espacio para escucharnos, conocernos y conectar con nuestra esencia, con nuestras emociones. Y desde ese espacio, podremos transformarlo todo.

Muchas veces el autocuidado se asocia a actividades que nos pueden requerir mucho tiempo y al final acabamos diciendo «No tengo tiempo». Y esta creencia no puede estar más lejos de la realidad, porque para autocuidarnos llega con parar y dedicarnos un momento para preguntarnos ¿Cómo estoy? ¿Por qué estoy sintiendo esto?

Las prácticas de autocuidado que os queremos compartir se pueden hacer en cualquier momento y lugar y les podemos dedicar el tiempo que queramos, como si son 5 minutos.

1. La meditación a través de la respiración consciente. Solemos vincular la meditación con tener que estar en un espacio tranquilo, ponernos música… pero podemos meditar en cualquier lugar gracias a nuestra respiración, simplemente con que le prestemos atención. La práctica de la respiración consciente nos ayuda a calmar nuestra mente, a bajar el ritmo, parar y estar presentes en nosotras.  Observa los movimientos de la respiración a medida que el aire entra y sale de tu cuerpo. Vendrán pensamientos, pero permítete observarlos y vuelve a la respiración, déjalos ir.

Respirar te ayuda a tomarte un tiempo para retomar situaciones que te molestan o estresan desde la calma.

La respiración nos conecta con nuestras emociones, date la oportunidad de sentir tanto las emociones buenas como las menos buenas. Las emociones negativas son parte de la vida y es importante que las conozcamos, las aceptemos para poder soltar y no permitir que gobiernen nuestra vida.

Cuando tienes conciencia de todas tus emociones negativas puedes decidir si quieres cambiar algo, puedes actuar. Cuando lo tapas bajo una montaña de pensamientos positivos y miras hacia otro lado, no lo solucionas.

Respira y permítete sentir todas tus emociones, conócete para ser tú quien tenga las riendas de tu vida.

2. Trae creatividad a tu vida. Solemos pensar que la creatividad es una cualidad que está al alcance de unos pocos pero esto no es así, todas tenemos un ser creativo dentro de nosotras y tenemos que permitirle salir.

La creatividad es una forma maravillosa de calmar la mente y liberar emociones, y puede estar en pequeñas cosas en tu día a día. Piensa en formas no convencionales de utilizar la creatividad, puede estar en cambiar la forma en que haces las cosas normalmente.

Sé consciente de cómo estos cambios que introduces en tu vida te afectan ¿qué sientes? Cuando cambiamos cosas de nuestra rutina muchas veces sentimos resistencia o malestar, por lo que imagínate lo que puedes sentir cuándo revises tus creencias, emociones y pensamientos. Los pequeños cambios te allanan el camino para cuando estés preparada para hacer los cambios más grandes en tu vida.

3. Agradece. Párate unos minutos y haz una lista de agradecimiento. Agradece por lo que tienes, por las cosas que te hacen sentir bien. Muchas veces solemos centrar nuestra atención en lo que no tenemos, en las metas que nos faltan por alcanzar y nos agobiamos pensando en cuándo llegarán, cuando las podré conseguir y entramos en la comparación con las personas que ya las tienen. Y si no paramos este comportamiento entramos en la queja y nos centramos en las cosas malas. Cuando hablas con una amiga y te pregunta qué tal estás ¿en qué sueles centrar tu conversación? ¿En quejarte por esto o aquello o en hablarle sobre las cosas que te van bien, que te hacen feliz?

Este comportamiento nos impide disfrutar y apreciar lo que ya hemos conseguido. Presta atención a esos objetivos y metas que quieres alcanzar ¿los ha elegido tú o es algo que socialmente se te ha impuesto? ¿Realmente es lo que tú quieres? ¿Es algo que necesitas para ser feliz? Agradecer nos recuerda lo que tenemos, lo que ya hemos conseguido, nos permite apreciarlo y si prestas atención puede que no necesites nada más.

Estas son algunas prácticas que nos pueden ayudar a estar más presentes, a crear un espacio para nuestro autocuidado, autoconocimiento y ayudarnos a cambiar el foco, y mirar para dentro en vez de para fuera.

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